°°°°°Teoría de la Arquitectura°°°°°
Una teoría, de cualquier cosa, siempre apela a pensar sobre la historia, a separar y dividir los acontecimientos, construcciones intelectuales o hechos fácticos que se hayan suscitado. Para someterlos a análisis y en última instancia recomponerlos en una conclusión o propuesta.
¿Pero qué historia toca estudiar a la arquitectura?
La arquitectura de hoy no es la misma que la clásica griega, o más cerca aún la del renacimiento.
¿Cuál es el hilo conductor entre las “arquitecturas” pasadas y las presentes y futuras?


Michael Foucault en su libro “Arqueología del Saber” se plantea sobre las unidades de saber cuáles son verdaderas y cuales están ligadas a una continuidad tradicional, zócalos seculares como él llama a dichas unidades. Las unidades en el tiempo se ven ligadas de manera forzosa por estos zócalos, es lo que lleva a comprender que la arquitectura de hace 100 o 50 años no es la misma que la que hoy se estudia y por ende estudiar seriamente una etapa es estudiar una unidad de saber en sí misma, no ligada necesariamente con las anteriores o posteriores. El otro problema que plantea Foucault es ¿cómo saber cuáles son unidades reales y cuáles no? Para lo cual se propone trabajar primeramente sobre lo preestablecido diseccionándolo, estudiándolo para luego establecer si es válido o no. ¿Pero cuál es la unidad mínima de una unidad de saber? A ello responde: los “enunciados”.
Tomar los distintos enunciados y estudiarlos es el método propuesto. Claro que estudiar un enunciado de la edad media hoy, es estudiarlo desde esta perspectiva y no de la iniciática. Por eso es tan dificultoso saber o entender que se hizo y porque se hizo. Los historiadores tradicionales toman la historia por sus justificaciones de ligadura temporal. Lo cual llega a entender la historia de manera superficial y falsa. Digamoslo de una vez: estudiar Historia, de lo que sea, es casi imposible. Aún asi es bueno comprender que los hechos históricos no son una secuencia narrativa y que el despliegue de hechos muchas veces no es necesariamente cierto. A veces tiene que ver con acumulaciones, saturaciones de los cuales los resultados no son necesariamente deductivos o justos. Así es la vida, así de desespernte para aquellos que queremos estudiar y entender algún tipo de saber. Dentro de esto, inabarcable, podemos plantear cosas ciertas para nuestro presente y futuro. Así como el Angelus Novus que mira hacia el pasado para un presente eventual.
Asi también Nietsche se replanteó la moral en su generalidad, en su amplitud y propuso revisarla para ver si lo que en su momento se decía moral tenia que ver con la vida moderna. Haciendo transpolación a la arquitectura para entender que es la arquitectura “hoy” o al menos si existe algo parecido a la “arquitectura”. Obviedades no hay, no encontraremos una respuesta única, un discurso cerrado, sí respuestas que aproximen a entendernos.
Así el teórico “Helio Piñón” con su libro “La forma y la mirada” intenta explicar rasgos de la arquitectura moderna y su devenir en el contexto histórico. Su situación luego de las dos guerras mundiales, de cómo la modernidad adopta la “teoría” en pos de una moral de la arquitectura, así nacen enunciados como: “la sinceridad de los materiales”, aún cuando parece inofensivo dicho enunciado podemos incurrir en la suposición de lo que está bien y está mal respecto del uso de los materiales. ¿Cuándo un material es usado sinceramente? ¡El Hormigón no es un material natural por tal no es tan sincero como la madera o la piedra! ¿Por ello debemos dejarlo de lado? Es un error adjudicarle a la materia moralidad, cosa propia de la arquitectura moderana después de los años 50s. Así es como cae la arquitectura en una simbología que se oculta subrepticiamente. La arquitectura moderna pretende o pretendía no soportar ningún tipo de simbología, al menos de eso se trataba hasta los años ‘50s. Una forma de hacer arquitectura despegada de toda la parafernalia de los clasicismos fue el leitmotiv con el que inició una nueva etapa en la arquitectura. Con postulados como el de Loos “Ornamento y Delito” donde la economía de recursos es lo principal.
“El enorme daño y devastación que produce el resurgimiento del ornamento en la evolución estética podrían olvidarse fácilmente, pues nadie, ni siquiera un organismo estatal, puede detener la evolución de la humanidad. Sólo la puede retrasar. Sabremos esperar. Pero será un delito contra la economía nacional pues, con ello, se echa a perder trabajo humano, dinero y material. El tiempo no puede compensar estos daños.” (Ornamento y delito. A.Loos.)
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